Nosotros
Más de 75 años acompañando a las familias ecuatorianas con fe, dignidad y esperanza.
Quiénes somos
Un lugar donde la memoria
se convierte en esperanza
La Magdalena Campo Santo nació del deseo profundo de ofrecer a las familias del Ecuador un lugar digno, bello y esperanzador para honrar a sus seres queridos. Inspirados en María Magdalena —testigo fiel de la Resurrección— creemos que la muerte no es el final, sino el umbral de una vida nueva.
Ubicados en las tierras fértiles del Valle de los Chillos, nuestros jardines perpetuos son un refugio de naturaleza, serenidad y fe. Cuidamos cada parcela, cada flor y cada momento con la misma entrega con la que las familias cuidan a sus seres amados. Somos más que un campo santo — somos una comunidad que acompaña.
Nuestra trayectoria
Historia
Fundación
La Magdalena Campo Santo fue fundada por la Diócesis del Valle de los Chillos como respuesta a la creciente necesidad espiritual y comunitaria de la región. Inspirada en María Magdalena, testigo fiel de la Resurrección, fue consagrada como un lugar de esperanza cristiana.
Primer gran crecimiento
Con el auge demográfico de la Sierra ecuatoriana, La Magdalena amplió sus jardines y construyó la primera capilla de velaciones. Cientos de familias de Pichincha y el Cotopaxi encontraron en este espacio un lugar de paz para despedir a sus seres queridos.
Renovación y modernización
Tras el terremoto que afectó la región andina, La Magdalena emprendió una renovación integral de sus instalaciones. Se incorporaron nuevas criptas, mausoleos y senderos ajardinados, consolidándose como el campo santo más completo del Valle de los Chillos.
Un legado vivo
Con más de 75 años de historia y más de 12.000 familias acompañadas, La Magdalena continúa siendo un lugar donde la fe, la memoria y la naturaleza se encuentran. Seguimos creciendo con nuevos servicios, siempre fieles a nuestra misión de brindar dignidad y esperanza.
Desde las tierras fértiles del Ecuador, alzamos un espacio donde el amor por los nuestros vence al olvido y la esperanza vence a la muerte.
— Fundadores de La Magdalena, 1947